Niña pobre en NicaraguaManagua (PL) Cuarenta años de dictadura, terremotos, la guerra en la década de los 80 y las políticas neoliberales de los 90 lastraron con fuerza la economía nicaragüense; sin embargo, ese escenario se transforma.

Por décadas este país centroamericano ha cargado con el triste epíteto de ser el segundo más pobre del continente, solo superado por Haití.

La inflación, el bajo crecimiento anual de la economía y la poca productividad fueron caldo de cultivo de la pobreza y la desigualdad social cuya brecha se amplió durante los gobiernos neoliberales, centrados en políticas para el capital y propiciando un Estado mínimo.

A grandes rasgos, los logros sociales promovidos por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) luego del derrocamiento de Anastasio Somoza y el triunfo de la revolución en julio de 1979 fueron descartados, entre ellos la educación y la salud pública gratuita.

De esta manera, la brecha entre pobres y ricos se convirtió en abismo, un hecho al que se tuvo que enfrentar el FSLN a su regreso al poder en 2007.

IMPACTO DE PROGRAMAS SOCIALES

Recientemente el ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta, aseguró que la pobreza en Nicaragua se redujo un ocho por ciento en los últimos siete años.

En 2006 la pobreza general era superior al 50 por ciento y la extrema rondaba el 23 por ciento, recordó.

Durante estos años se logró reducir de manera sustancial estos indicadores y la pobreza extrema ahora es de alrededor del 14 por ciento, mientras que la general se redujo unos ocho puntos, explicó Acosta.

En su opinión, esto se debe en buena medida al impacto de los diferentes programas sociales que ejecuta el Gobierno, los cuales están dirigidos a mejorar la calidad de vida de la población, algo reconocido por organismos e instituciones internacionales.

Según el Informe de Gestión del Gobierno, presentado en la Asamblea Nacional a finales de mayo, la pobreza general en el área rural disminuyó siete puntos porcentuales entre 2005 y 2009, y la extrema bajó de 17.2 por ciento en 2005 a 14.4 en 2009.

El documento resaltó que esta nación es de las pocas que cumplió el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, de reducir a la mitad el número de personas subnutridas, así como el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, de reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre.

Según la FAO, las personas subnutridas disminuyeron de 55.1 por ciento a 20.1, 35 puntos menos.

Ninguno de estos avances es resultado de la casualidad.

De 2007 a 2013, el ejecutivo destinó el doble del promedio anual para combatir la pobreza, en comparación con el invertido entre 2002 y 2006. Solo el pasado año alcanzó los mil 80 millones de dólares, un número considerable para la economía nicaragüense.

Además, desde 2007 el salario mínimo creció en un 130 por ciento y se electrificaron hasta el 76 por ciento de las viviendas del país, una cifra que apenas llegaba a la mitad antes del gobierno sandinista.

El Producto Interno Bruto (PIB) creció 4.6 por ciento en 2013, lo que ratificó la tendencia de crecimiento de los últimos años, y las exportaciones rondaron los cinco mil millones de dólares.

Solo el gasto social ocupó el 56.6 por ciento del Presupuesto General y se dirigió principalmente a la educación y la salud gratuita y universal.

El empleo, uno de los fenómenos más problemáticos del país, logró crecer considerablemente con respecto a 2006, un 46.4 por ciento.

PROYECTOS PARA EL DESARROLLO

Aunque los avances son concretos y loables, falta mucho para superar el cáncer de la pobreza y se requiere de un salto que venga de la mano de proyectos ambiciosos y capaces de impulsar la economía nacional.

Estos a su vez, podrán propiciar mayores políticas sociales.

Gracias a una proyección a largo plazo, el mundo presta atención a varias de esas iniciativas que impulsa hoy Nicaragua, entre ellas, la construcción de un canal interoceánico que unirá el Atlántico con el Pacífico.

Cálculos preliminares pronostican que para concretar esta colosal obra de ingeniería que vendría acompañada de puertos, oleoductos, zonas de libre comercio y un aeropuerto, se necesitarán alrededor de un millón de hombres y unos 40 mil millones de dólares.

Esta ruta podría abaratar los costos de las travesías y por ende del comercio mundial, a la vez que aumentaría la eficiencia del mismo, algo que despierta el interés de varias naciones.

Los mayores beneficios serán para Nicaragua, cuyo PIB podría duplicarse así como las exportaciones, cuestiones que permitirán alcanzar la independencia económica de la nación.

Otras inversiones permitirán al país continuar la ruta de trasformación y ampliación de la matriz energética.

En 2007 el país generaba un 25 por ciento con renovables y en la actualidad supera el 52, lo que los ubica entre los líderes del continente en el uso de estas tecnologías limpias para producir energía.

Solo Chile y Brasil superan las inversiones en este sector, según reportes del Banco Interamericano de Desarrollo y la revista Climatescope de Bloomberg News.

La meta, según adelantó el Gobierno en el Informe de Gestión, es lograr un 90 por ciento de generación limpia en 2020.

Por ello, este año se concretó el convenio para la construcción de un proyecto hidroeléctrico conocido como Tumarín en el rio Matagalpa, a unos 250 kilómetros de esta capital, que deberá estar listo para finales de 2018.

La energía que generará, unos 253 megavatios, representa el 30 por ciento del total del país en 2014.

Otro de los proyectos que podría impulsar la economía de esta nación será un complejo industrial cuyo costo superará los seis mil millones de dólares e incluye una refinería y un oleoducto, entre otras obras.

Si se concretan estos ambiciosos proyectos, Nicaragua podrá dejar atrás su pasado y construir un porvenir sin pobreza, un anhelo de décadas en esta nación.

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